lunes, 4 de abril de 2011

El último viaje

Sin pensarlo demasiado, subió a aquel tren. Quizá si lo hubiera pensado, no hubiera subido, pero lo último que necesitaba era pensar su decisión, era necesario (casi obligatorio) que subiera. En el vagón solo gente con caras largas, maletas y desolación, pero era necesario. Una chica, no muy mona, pero eso era lo de menos y un chico alto, trajeado y de buena planta. Todo ello junto con un señor mayor, con pinta de sabio y yo. Sentados cómodamente en nuestros sitios emprendimos el viaje. No me importó cuanto duró el viaje, estaba demasiado inmerso en otra clase de pensamientos: el cómo, el por qué, el dónde... Llegamos a una estación de tren normal, bajamos del tren, como lo hubiera hecho cualquier otro día antes de llegar al trabajo. En el andén nos esperaban varios hombres con una mochila para cada uno de nosotros. En la mochila un llavero, con las llaves de una casa y de un automóvil y una carpeta con nuestra documentación, contrato de trabajo, etc. Era increíble, comenzar una nueva vida, todo por merecer un poco la pena, por ser alguien diferente, alguien que no se merece el cruel destino que nuestro antiguo mundo nos habría proporcionado. No sé muy bien donde estoy, ni me importa, pero sé que es un mundo menos cruel que en el que me tocó nacer.