viernes, 27 de septiembre de 2013

La ventana

Miró por la ventana el paisaje. Era un paisaje bonito. Se oía jaleo desde fuera. Descolgó la ventana de la pared y la apoyó cuidadosamente en el suelo. No obstante, el cristal se había roto. Pequeños cristales se esparcían alrededor de la ventana. Abrió la otra ventana, se asomó por ella y estupefacto por el bullicio y la multitud, decidió cerrarla. No sabía qué hacer. Él no había hecho daño a nadie. Cogió la ventana del suelo, con sumo cuidado, se sentó en la cama, y volvió a mirar por la ventana.

-Es que es m… muy… muy bonita… Normal que tanta gente la quiera…

Volvió a dejar la ventana en el suelo, con mucho cuidado, y volvió a asomarse por la ventana.

-Caballero, no pretendemos hacerle daño. Sólo queremos que nos de la ventana, por favor.

-En… En… Entonces, ¿po… por qué detrás de… de… de usted hay ci… cinco personas con pistolas?

-Sólo es protocolo, por si hay algún problema. Créame, no pretendo engañarle. Sabe lo que tiene que hacer.

La ventana es muy bonita sí… Pero el señor tiene razón… Sé lo que tengo que hacer. Lo que he hecho no está bien. No, no lo está. Hasta alguien como yo sabe eso. Si me han perseguido desde que cogí la ventana, sus motivos tendrán… Sí, es bonita… ¿La querrán por eso? Porque si es por eso, me la quedo yo… No, no debe de ser por eso… Afuera hay mucha gente, coches, furgonetas, personas armadas… ¿Tan importante es? Sólo es una ventana… Bonita pero una ventana… Si tanto interés tienen… Sí, quizá deba devolverla. Pero es que es tan bonita… Con su hierba y sus arbolitos… Pero está rota. ¿Para qué quiero yo una ventana rota? Una última mirada y la devuelvo… Espero que si la devuelvo la lleven donde la cogí, así podré ir a verla cuando pueda… Sí, la colgaré en la pared, la miraré una última vez y la devolveré.

Cogió la ventana y la colgó en el mismo sitio del cual la había descolgado hace escasos minutos, la colocó perfectamente, y la miró, concentrado, muy fijamente, durante un par de minutos.

-Caballero, por favor, insisto en que nos lo devuelva. Todo irá bien si baja y nos lo entrega. No tenga miedo. – Escuchaba de fondo mientras miraba a la ventana--.

Derramaba pequeñas lágrimas mirando la ventana. Sabía que la iba a perder. Pero iba a estar cerca, y era lo que tenía que hacer. Se secó las lágrimas, y abrió la otra ventana.

-Vo… Voy a bajar. Ense… Enseguida estoy.

-Aquí estaremos. Estese tranquilo.

Descolgó la ventana, la agarró con cuidado, aunque ya estaba rota, y bajó cautelosamente por las escaleras. Un pasito, otro, otro… Con cuidado de no romper el paisaje de la ventana. Otro pasito, otro más y el último. Abrió la puerta. Cinco policías con fusiles le apuntaban directamente. Detrás un montón de curiosos, tres furgones policiales y un furgón blindado, negro, muy discreto. El señor que, con un megáfono, había estado hablando con él a través de la otra ventana, se volvió a dirigir a él.

-Voy a acercarme a usted para que me entregue el lienzo. Yo solo. No se preocupe por los hombres armados.
-De… De… De a… acuerdo.

Relajadamente se acercó el señor del megáfono. Cualquiera se acercaría con tranquilidad si le protegen cinco fusiles.

-¿Me lo devuelves, por favor?

Sin pronunciar palabra, le entregó la ventana, mientras se le escapaban algunas lágrimas. El hombre del megáfono le hizo una pequeña carantoña y dio media vuelta, volviendo por el mismo camino por el que fue. Entregó la ventana a otra persona, que la introdujo en el furgón blindado.

-Por favor, que nada parecido vuelva a ocurrir.

-Por supuesto. Suficiente susto hemos tenido ya con este. – Contestó el señor del megáfono--.

Los policías se repartieron en los furgones, que partieron escoltando al otro donde estaba la ventana. Los curiosos empezaron a diseminarse. Llorando por la pérdida de la ventana se quedaba él. Pero no podía hacer otra cosa. No debió haberlo hecho desde un principio. Pero era tan bonita… Le consolaba el hecho de que podía ir a visitarla cuando quisiera. Iban a llevarla al lugar de donde la cogió, al lugar que le corresponde.

Después de este último pensamiento, esbozó una pequeña sonrisa y entró en casa.

Hay que reconocer que la ventana era realmente bonita… Y que cualquiera querría tener esa ventana en su casa.