Miró por la ventana el paisaje. Era un paisaje bonito. Se
oía jaleo desde fuera. Descolgó la ventana de la pared y la apoyó
cuidadosamente en el suelo. No obstante, el cristal se había roto. Pequeños
cristales se esparcían alrededor de la ventana. Abrió la otra ventana, se asomó
por ella y estupefacto por el bullicio y la multitud, decidió cerrarla. No
sabía qué hacer. Él no había hecho daño a nadie. Cogió la ventana del suelo,
con sumo cuidado, se sentó en la cama, y volvió a mirar por la ventana.
-Es que es m… muy… muy bonita… Normal que tanta gente la
quiera…
Volvió a dejar la ventana en el suelo, con mucho cuidado,
y volvió a asomarse por la ventana.
-Caballero, no pretendemos hacerle daño. Sólo queremos
que nos de la ventana, por favor.
-En… En… Entonces, ¿po… por qué detrás de… de… de usted
hay ci… cinco personas con pistolas?
-Sólo es protocolo, por si hay algún problema. Créame, no
pretendo engañarle. Sabe lo que tiene que hacer.
La ventana es muy bonita sí… Pero el señor tiene razón…
Sé lo que tengo que hacer. Lo que he hecho no está bien. No, no lo está. Hasta
alguien como yo sabe eso. Si me han perseguido desde que cogí la ventana, sus
motivos tendrán… Sí, es bonita… ¿La querrán por eso? Porque si es por eso, me
la quedo yo… No, no debe de ser por eso… Afuera hay mucha gente, coches,
furgonetas, personas armadas… ¿Tan importante es? Sólo es una ventana… Bonita
pero una ventana… Si tanto interés tienen… Sí, quizá deba devolverla. Pero es
que es tan bonita… Con su hierba y sus arbolitos… Pero está rota. ¿Para qué
quiero yo una ventana rota? Una última mirada y la devuelvo… Espero que si la
devuelvo la lleven donde la cogí, así podré ir a verla cuando pueda… Sí, la
colgaré en la pared, la miraré una última vez y la devolveré.
Cogió la ventana y la colgó en el mismo sitio del cual la
había descolgado hace escasos minutos, la colocó perfectamente, y la miró,
concentrado, muy fijamente, durante un par de minutos.
-Caballero, por favor, insisto en que nos lo devuelva.
Todo irá bien si baja y nos lo entrega. No tenga miedo. – Escuchaba de fondo
mientras miraba a la ventana--.
Derramaba pequeñas lágrimas mirando la ventana. Sabía que
la iba a perder. Pero iba a estar cerca, y era lo que tenía que hacer. Se secó
las lágrimas, y abrió la otra ventana.
-Vo… Voy a bajar. Ense… Enseguida estoy.
-Aquí estaremos. Estese tranquilo.
Descolgó la ventana, la agarró con cuidado, aunque ya
estaba rota, y bajó cautelosamente por las escaleras. Un pasito, otro, otro…
Con cuidado de no romper el paisaje de la ventana. Otro pasito, otro más y el
último. Abrió la puerta. Cinco policías con fusiles le apuntaban directamente.
Detrás un montón de curiosos, tres furgones policiales y un furgón blindado,
negro, muy discreto. El señor que, con un megáfono, había estado hablando con
él a través de la otra ventana, se volvió a dirigir a él.
-Voy a acercarme a usted para que me entregue el lienzo.
Yo solo. No se preocupe por los hombres armados.
-De… De… De a… acuerdo.
Relajadamente se acercó el señor del megáfono. Cualquiera
se acercaría con tranquilidad si le protegen cinco fusiles.
-¿Me lo devuelves, por favor?
Sin pronunciar palabra, le entregó la ventana, mientras
se le escapaban algunas lágrimas. El hombre del megáfono le hizo una pequeña
carantoña y dio media vuelta, volviendo por el mismo camino por el que fue.
Entregó la ventana a otra persona, que la introdujo en el furgón blindado.
-Por favor, que nada parecido vuelva a ocurrir.
-Por supuesto. Suficiente susto hemos tenido ya con este.
– Contestó el señor del megáfono--.
Los policías se repartieron en los furgones, que
partieron escoltando al otro donde estaba la ventana. Los curiosos empezaron a
diseminarse. Llorando por la pérdida de la ventana se quedaba él. Pero no podía
hacer otra cosa. No debió haberlo hecho desde un principio. Pero era tan
bonita… Le consolaba el hecho de que podía ir a visitarla cuando quisiera. Iban
a llevarla al lugar de donde la cogió, al lugar que le corresponde.
Después de este último pensamiento, esbozó una pequeña
sonrisa y entró en casa.
Hay que reconocer que la ventana era realmente bonita… Y
que cualquiera querría tener esa ventana en su casa.
