Se acabó. No podía aguantarlo más. Al fin lo había decidido. Tenía que acabar con lo que más quería en el mundo: su chica. No podía soportar la idea de que alguien se la arrebatara por su belleza. Hicieron el amor por última vez y ella se durmió. Cuidadosamente, él se levantó y fue decididamente a por su chica. No podía creer lo que iba a hacer. La quería muchísimo, pero tenía que hacerlo. Por el bien de todos. Sí, realmente este hombre había enloquecido. ¿A quién se le ocurre asesinar a lo que más quiere en el mundo? Si es lo que más quieres, consérvalo, no te lo quites de en medio. Pero este hombre lo había decidido. El filo del machete brillaba a la luz de la luna. Estaba decidido. Tenía que hacerlo. Se la iban a quitar y no lo podía permitir, no. Era suya. Se abalanzó sobre ella y bastó solo una puñalada. Un grito sonoro que se apagó pronto. El fluido que brotaba de su cuerpo le golpeaba en la cara, le molestaba en los ojos. Ahí estaba él, de pie frente a lo que quedaba del cuerpo de su amada. No sabía qué hacer. ¿Debería irse con ella y vivir felices para la eternidad? La quería mucho... Pensó seriamente en hacerlo. Pero no, no. ¿Qué había hecho? ¿Cómo podía haber hecho algo así? Debía pagar por lo que había hecho. Decidió confesarlo a la policía. El hombre fue arrestado y pasó la noche en prisión. Al llegar la policía al domicilio del hombre, lo único que encontró fue un trozo de plástico, arrugado, con forma de mujer, ligeramente húmedo en algunas zonas concretas y con un gran agujero en la parte del cuello. Cuando la patrulla regresó al cuartel, el hombre apareció ahorcado con su propia camisa.
martes, 17 de mayo de 2011
Una historia perfecta
Dicen aquello de que la perfección no existe. Mentira. Yo he podido verla con mis propios ojos. No, este no es un cuentecillo romanticón, no me voy a referir a mi “amadísima”, simplemente a una cosa perfecta, una pareja en este caso. Pero no, no era perfecta porque no se pelearan nunca, eso es imposible, pero se querían tanto que siempre lo arreglaban, por muy grave que fuera el problema. Comentarios desafortunados, actuaciones indebidas, rumores de infidelidad... Lo que fuera. También tengo que reconocer que eran dos amigos inmejorables (ahora que pienso, quizá esté haciendo todo esto por eso). Siempre les he ayudado en todo lo que he podido y siempre me lo reconocieron (que eso siempre gusta). Si alguien alguna vez ha estado cerca de definir que es el amor, no tenía más que mirarles para comprender perfectamente que estaba perdiendo el tiempo, ellos lo habían hecho antes que él. Bueno, para abreviar, era como si formaran un puzle de dos piezas que encajaban a la perfección. Lástima que el de arriba no pueda permitir que algo tan perfecto exista en el mundo tan decadente que se ha esforzado tantos años en construir. Un hombre drogado, conduciendo un coche y a gran velocidad, tuvo la mala suerte de encontrarse con ellos atravesando la carretera. Yo iba a encontrarme con ellos y pude ver en primera fila a ambos cuerpos volar por los aires y destruirse totalmente al chocar contra el suelo. Nunca había visto tanta sangre junta. Por suerte también pude ver como el... Individuo que pilotaba aquel Golf se estampaba contra el muro de la estación de tren y se dejaba contra él la cabeza. Bien muerto esté. Seguramente esté enterrado por aquí, cerca de donde estoy yo y de donde están enterrados los cuerpos de mis amigos, unidos por siempre. Los médicos en el lugar del siniestro fueron incapaces de separar las manos unidas de los cuerpos. En el forense hicieron palanca para poder analizar mejor los cuerpos, pero fue imposible, igual que pasaba (o eso dicen) en los campos de concentración nazis cuando las madres abrazaban a sus hijos, justo antes de ser gaseados juntos.
En fin, tenía que marcharme. Dejé mi ramo de flores, que no era tan grande como el resto, pero sé que es el que más les gusta. Un minuto de silencio y me di la vuelta para dirigirme a la puerta del cementerio. No había mucha gente en el camposanto, por eso pude percatarme de una chica que estaba de pie frente a una tumba. Su rostro estaba mojado de lágrimas. No sé bien si fue por la belleza de la chica o porque tenía la necesidad de compartir mi dolor con alguien, pero me acerqué a ella y la saludé.
-Hola.
-Ho... Hola – dijo sollozando.
-Lo siento mucho.
-Gracias. Yo también. Si estás aquí es por algo.
-Si...
Pude ver lo que ponía en la lápida: “Álvaro López Rodríguez (1989-2011). Tus amigos y familia no te olvidan”.
-Leíste la lápida, ¿verdad?
-Sí. ¿Por qué lo preguntas?
-Porque la lápida está incompleta.
-¿Qué le falta?
-Que también se acuerdan de él los familiares y amigos de los dos chicos que atropelló con su Golf el día que falleció.
-Y tanto que nos acordamos.
-Oh... Vaya... Ahora lo siento muchísimo más.
Se le empezaban a saltar las lágrimas.
-No te preocupes. Tú no tienes la culpa de nada.
-Quizá no directamente, pero... Yo era la novia de este chico. Ese mismo día corté con él, porque se comportaba muy parecido al día del atropello... No lo pudo soportar. Decía que me quería, pero en realidad era muy posesivo y le sentó como una patada en su parte masculina el que cortara yo. Pensaba que si alguien tenía que hacerlo tendría que ser él. Entonces ese día se metió más cocaína, alcohol y de todo. Así acabó esto.
Me pude dar cuenta de que el de arriba decidió cargarse dos pájaros de un tiro. No podía permitir la perfección en su mundo y tampoco podía permitir que ese ser martirizara a una mujer como ella.
-Bueno... No sé por qué te estoy contando esto, te acabo de conocer y ya te estoy aburriendo con mis tonterías.
-No te preocupes, mujer.
-Por su culpa dejé todo lo demás, me quedé sin amigos y mi familia no lo aprobaba... Ahora me doy cuenta de la razón que tenían todos.
-Bueno, has perdido a tus amigos, pero eso no significa que no puedas hacer nuevos.
-¿Tú crees?
-Anda, ven... Te invito a un café.
-Gracias –dijo con una sonrisa esperanzadora.
Mientras nos dirigíamos a la cafetería, me contaba los más y menos que tenía con el individuo que atropelló a mis amigos. Los problemas que había tenido ella por el excesivo alcohol que ingería su chico, que alguna vez la llegó a pegar y demás barbaridades.
En la cafetería la conversación se volvió más distendida y alegre. Ella empezaba a mostrarse más cariñosa y yo más receptivo. Empezábamos a sonreír después de tanta tristeza en el cementerio. De hecho hasta llegamos a reírnos. Para ser dos desconocidos nos complementábamos bien. La velada se alargó y se hizo de noche. No sé a cuál de los dos le dolía más este momento, pero debíamos separarnos. Su casa estaba cerca, así que la acompañé. A la hora de despedirnos, me agarró fuertemente de las dos manos y tiró de mí hacia ella.
-Espero que esta no sea la última vez que nos veamos.
Entonces se acercó más hacia mí y me besó. Tanto ella como yo lo necesitábamos. Éramos dos almas destruidas por el destino que se estaban curando mutuamente. Ella separó sus labios de los míos y entonces fui yo el que la besé.
-Mañana a las seis en este mismo sitio nos veremos.
No puso ninguna objeción. Y allí nos vimos. Aquella tarde un vínculo especial se creó entre nosotros. El cariño nació de la desesperación. En el poco tiempo que llevamos juntos todos los problemas que tuvimos, y, si, no hemos tenido muchos problemas, pero sé que el vínculo que existe entre nosotros es igual que el que existía en mis desaparecidos amigos, y tristemente tengo que decir que presiento que acabaremos igual que ellos. Esta historia debe repetirse. Nosotros juntos toda la eternidad, y alguien que esté llorando por nosotros deberá encontrarse con alguien que esté llorando a nuestro asesino, se juntarán y serán felices por siempre... Hasta que la historia vuelva a repetirse. Y así será. Aunque no me gusta hacerme pasar por uno de esos canallas videntes.
Quiero pedir perdón porque insistí al principio del relato que no hablaría de mí “amadísima”, y al final, he hablado de ella. Qué le vamos a hacer. La vida te lleva por senderos insospechados, pero es sabia, y sabe por qué lo hace. Las personas que sufren sin merecerlo al final son recompensadas.