jueves, 17 de abril de 2014

Pensamientos II

Y cuando llegue ese día… Porque sabes que llegará. Y que lo deseas tanto como lo temes. Llegará. Te sentarás a su lado, la mirarás a los ojos… Le abrirás tu corazón, se te caerá una lágrima… Todo para nada. Para que lo máximo que consigas sea que se sienta incómoda. Pero todo el mundo insiste en que hay que hacerlo. Y yo aun no entiendo por qué. Soy hombre de ciencias, me baso en la experiencia…  Y mi experiencia lo último que me dice es que haga eso. Pero lo haré. ¿Por qué? Supongo que porque hay que hacerlo. Y si hay que hacerlo, no se puede cuestionar. Poner en riesgo todo para no ganar nada… Qué irónico. Qué irónica es la vida, ¿verdad? Estas cosas que son igualmente malas tanto si las haces como si no… Me sacan de quicio. No puedes vivir con ello dentro, porque acabará contigo. Y en el momento en que lo sueltes, sabes que algo que te incumbe acabará. Algo que aprecias y no quieres perder. Así es la vida. Así es la inutilidad y la inexorabilidad de los sentimientos. “El amor es tan necesario como el comer, pero no alimenta”. Descanse en paz, señor García Márquez. Con usted aprendí que nacemos solos, vivimos solos y morimos solos, pero no sé por qué sigo empeñándome en no vivir solo y en no morir solo. Supongo que acabaría antes asumiendo mi soledad durante los 60 o 70 años de vida que con un poco de suerte me quedan. No serán cien años, pero casi. Poco a poco, año a año que pasa mi alma se pudre por dentro cada vez un poquito más, y mientras, por fuera intento no perder la esperanza, luchar contra lo inevitable. Te quiero. Me quieres. No obstante, seguiré solo. Tú ya solucionarás tus problemas, presupongo que cuando te apetezca y con bastante facilidad. Es la vida que en suerte o en desgracia me ha tocado. Ver pasar la vida de los demás solo. Ayudándoles a ir a través de ella, sin que a nadie, absolutamente a nadie le importe la tuya. Y no puedo culpar a nadie por ello. Es tu vida, apáñatelas como puedas. Si quieres ayudarme, allá tú. Pero es lo que hay que hacer. Y si hay que hacerlo, no se puede cuestionar. O al menos yo no lo voy a hacer. Sí, hay nombres detrás de esto, en concreto uno… Pero es inútil decirlo. Seguramente ya sepa, sin necesidad de leer esto, todo lo que pasa. Y si en algún momento lo lee (cosa que dudo), simplemente se lo dejará más claro. En fin, siento ya que escribo por escribir, por agotar el folio y todavía me queda un trecho… Supongo que la cosa no da para más. Está todo bien claro, transparente casi. Aunque yo lo veo todo de color negro. Qué curioso. Jamás en la vida he tenido un diario y ahora, a mis años, me pongo a escribir estas cosas que no le importan a nadie y que además tendré la desfachatez de publicar, aunque no lo vaya a leer nadie. Antes por lo menos me dedicaba a escribir historias. Ahora solo me sale bazofia de este estilo. Espero reencontrarme algún día con mis relatos, aunque tengo uno pendiente de publicar. Si alguien ha leído hasta aquí… Le pido perdón por haberle hecho perder el tiempo. Si esta hoja de papel fuera física, la prendería fuego sin pensármelo dos veces. Sería lo mejor. Quemaría mis malos sentimientos y no aburriría a nadie. Pero en fin, lo que hay que hacer, hay que hacerlo, y lo que no se puede hacer, no se puede. Y cuando se quiere hacer, no se debe y no se va a poder… Sin palabras, ¿verdad? Pues en esas me encuentro yo. En definitiva, 80 años de soledad.

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