miércoles, 20 de julio de 2011

Una historia perfecta (2)

Bueno… No sé por qué digo esta clase de cosas… ¿Y qué más da si la historia se repite? No sé qué será de mi cuando me pase lo mismo que a mis amigos, pero ahora si sé lo que estoy viviendo, sé que tengo algo maravilloso a mi lado; algo no, alguien, alguien al que amo con locura y que cada vez que miro a sus ojos no me hace falta morirme para ver la eternidad, porque sé que está ahí, en cada vez que la miro a los ojos, cada vez que siento su respiración, cada vez que me besa… Qué tópico, ¿verdad? Qué le vamos a hacer, yo nunca miento. No se ella qué pensará… Dudo que nunca se lo pregunte, aunque realmente no hace falta hacerlo. Con simplemente acariciarla la mano sé lo que siente, sé que esto será eterno… Sé que la amo, y que me ama. Les debo una muy grande a mis amigos, allá donde estén. Siempre evitamos hablar de este tema, ambos sabemos lo que hay, como nos conocimos y lo que la vida nos ha hecho sufrir para llegar a encontrarnos. ¿Mereció la pena perder a mis dos mejores amigos por el amor de mi vida? Difícil. Sobre todo porque, en el fondo, por mucho que hable, no sé si mi relación será “eterna” y ellos se que me siguen queriendo allí donde estén. En fin, tanta reflexión para nada. Una historia perfecta… La historia más perfecta es la que nos proporciona la vida, cada uno se la va construyendo como se la gana, y no sabemos nunca con qué nos va a sorprender, doy fe con mis pensamientos aquí escritos. Puede darte duros golpes o grandes premios, pero todo es por algún motivo y traerá alguna consecuencia, no tenéis más que verlo. Dejad de imaginaros vuestras historias perfectas y vivir la historia perfecta que os espera. Pero solo la tienen perfecta aquellos que se lo ganan, pero es fácil, una buena dosis de optimismo todas las mañanas será suficiente.

-Cariño, ¿qué haces todavía ahí?

-Ya voy cielo, lo siento.

Bueno, os dejo, voy a disfrutar de mi historia perfecta.

Llevo un regalo para ella, un anillo de diamantes con su nombre grabado por detrás, paseamos por un parque, donde hay bastante gente. En una zona algo más tranquila y a la sombra, la entrego su regalo, lo abre y pone un gesto de emoción indescriptible. Me abraza, me dice te amo y me besa. Al darse la vuelta e ir a guardarlo, un hombre con pinta de haber sufrido mucho en la vida y de pasar una mala situación le arrebató el anillo y la apuñaló en el corazón y el pulmón. El hombre salió corriendo y mi ropa no era lo más adecuado para ir detrás de él, además, la persona a la que había entregado mi vida estaba allí, yaciendo. Me quité rápidamente la chaqueta para intentar taponar la hemorragia.

-Cariño, muchas gracias, déjalo, es imposible, se acabó, la historia tiene que repetirse –Tosió y echó un poco de sangre por la boca. Te amo, mi vida.

La besé, y en ese momento dejé de notar su respiración. Cerré sus ojos y mis lágrimas empezaron a caer. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿No merezco vivir feliz, no lo merezco? ¿Por qué tanta desgracia junta? ¿Dónde está la perfección de mi historia? La vida no es una historia perfecta, es un juego cruel y macabro donde los buenos siempre pierden y los malos siempre ganan, no aguanto más, me voy con mi amada, no estaré mejor en otro lugar, tengo que ver a mis amigos y arreglar unas cosas por ahí arriba. No os dejéis engañar, esta mierda no va a cambiar nunca.

martes, 17 de mayo de 2011

Violencia de género

Se acabó. No podía aguantarlo más. Al fin lo había decidido. Tenía que acabar con lo que más quería en el mundo: su chica. No podía soportar la idea de que alguien se la arrebatara por su belleza. Hicieron el amor por última vez y ella se durmió. Cuidadosamente, él se levantó y fue decididamente a por su chica. No podía creer lo que iba a hacer. La quería muchísimo, pero tenía que hacerlo. Por el bien de todos. Sí, realmente este hombre había enloquecido. ¿A quién se le ocurre asesinar a lo que más quiere en el mundo? Si es lo que más quieres, consérvalo, no te lo quites de en medio. Pero este hombre lo había decidido. El filo del machete brillaba a la luz de la luna. Estaba decidido. Tenía que hacerlo. Se la iban a quitar y no lo podía permitir, no. Era suya. Se abalanzó sobre ella y bastó solo una puñalada. Un grito sonoro que se apagó pronto. El fluido que brotaba de su cuerpo le golpeaba en la cara, le molestaba en los ojos. Ahí estaba él, de pie frente a lo que quedaba del cuerpo de su amada. No sabía qué hacer. ¿Debería irse con ella y vivir felices para la eternidad? La quería mucho... Pensó seriamente en hacerlo. Pero no, no. ¿Qué había hecho? ¿Cómo podía haber hecho algo así? Debía pagar por lo que había hecho. Decidió confesarlo a la policía. El hombre fue arrestado y pasó la noche en prisión. Al llegar la policía al domicilio del hombre, lo único que encontró fue un trozo de plástico, arrugado, con forma de mujer, ligeramente húmedo en algunas zonas concretas y con un gran agujero en la parte del cuello. Cuando la patrulla regresó al cuartel, el hombre apareció ahorcado con su propia camisa.

Una historia perfecta

Dicen aquello de que la perfección no existe. Mentira. Yo he podido verla con mis propios ojos. No, este no es un cuentecillo romanticón, no me voy a referir a mi “amadísima”, simplemente a una cosa perfecta, una pareja en este caso. Pero no, no era perfecta porque no se pelearan nunca, eso es imposible, pero se querían tanto que siempre lo arreglaban, por muy grave que fuera el problema. Comentarios desafortunados, actuaciones indebidas, rumores de infidelidad... Lo que fuera. También tengo que reconocer que eran dos amigos inmejorables (ahora que pienso, quizá esté haciendo todo esto por eso). Siempre les he ayudado en todo lo que he podido y siempre me lo reconocieron (que eso siempre gusta). Si alguien alguna vez ha estado cerca de definir que es el amor, no tenía más que mirarles para comprender perfectamente que estaba perdiendo el tiempo, ellos lo habían hecho antes que él. Bueno, para abreviar, era como si formaran un puzle de dos piezas que encajaban a la perfección. Lástima que el de arriba no pueda permitir que algo tan perfecto exista en el mundo tan decadente que se ha esforzado tantos años en construir. Un hombre drogado, conduciendo un coche y a gran velocidad, tuvo la mala suerte de encontrarse con ellos atravesando la carretera. Yo iba a encontrarme con ellos y pude ver en primera fila a ambos cuerpos volar por los aires y destruirse totalmente al chocar contra el suelo. Nunca había visto tanta sangre junta. Por suerte también pude ver como el... Individuo que pilotaba aquel Golf se estampaba contra el muro de la estación de tren y se dejaba contra él la cabeza. Bien muerto esté. Seguramente esté enterrado por aquí, cerca de donde estoy yo y de donde están enterrados los cuerpos de mis amigos, unidos por siempre. Los médicos en el lugar del siniestro fueron incapaces de separar las manos unidas de los cuerpos. En el forense hicieron palanca para poder analizar mejor los cuerpos, pero fue imposible, igual que pasaba (o eso dicen) en los campos de concentración nazis cuando las madres abrazaban a sus hijos, justo antes de ser gaseados juntos.

En fin, tenía que marcharme. Dejé mi ramo de flores, que no era tan grande como el resto, pero que es el que más les gusta. Un minuto de silencio y me di la vuelta para dirigirme a la puerta del cementerio. No había mucha gente en el camposanto, por eso pude percatarme de una chica que estaba de pie frente a una tumba. Su rostro estaba mojado de lágrimas. No bien si fue por la belleza de la chica o porque tenía la necesidad de compartir mi dolor con alguien, pero me acerqué a ella y la saludé.

-Hola.

-Ho... Hola dijo sollozando.

-Lo siento mucho.

-Gracias. Yo también. Si estás aquí es por algo.

-Si...

Pude ver lo que ponía en la lápida: “Álvaro López Rodríguez (1989-2011). Tus amigos y familia no te olvidan”.

-Leíste la lápida, ¿verdad?

-Sí. ¿Por qué lo preguntas?

-Porque la lápida está incompleta.

-¿Qué le falta?

-Que también se acuerdan de él los familiares y amigos de los dos chicos que atropelló con su Golf el día que falleció.

-Y tanto que nos acordamos.

-Oh... Vaya... Ahora lo siento muchísimo más.

Se le empezaban a saltar las lágrimas.

-No te preocupes. no tienes la culpa de nada.

-Quizá no directamente, pero... Yo era la novia de este chico. Ese mismo día corté con él, porque se comportaba muy parecido al día del atropello... No lo pudo soportar. Decía que me quería, pero en realidad era muy posesivo y le sentó como una patada en su parte masculina el que cortara yo. Pensaba que si alguien tenía que hacerlo tendría que ser él. Entonces ese día se metió más cocaína, alcohol y de todo. Así acabó esto.

Me pude dar cuenta de que el de arriba decidió cargarse dos pájaros de un tiro. No podía permitir la perfección en su mundo y tampoco podía permitir que ese ser martirizara a una mujer como ella.

-Bueno... No por qué te estoy contando esto, te acabo de conocer y ya te estoy aburriendo con mis tonterías.

-No te preocupes, mujer.

-Por su culpa dejé todo lo demás, me quedé sin amigos y mi familia no lo aprobaba... Ahora me doy cuenta de la razón que tenían todos.

-Bueno, has perdido a tus amigos, pero eso no significa que no puedas hacer nuevos.

-¿Tú crees?

-Anda, ven... Te invito a un café.

-Gracias –dijo con una sonrisa esperanzadora.

Mientras nos dirigíamos a la cafetería, me contaba los más y menos que tenía con el individuo que atropelló a mis amigos. Los problemas que había tenido ella por el excesivo alcohol que ingería su chico, que alguna vez la llegó a pegar y demás barbaridades.

En la cafetería la conversación se volvió más distendida y alegre. Ella empezaba a mostrarse más cariñosa y yo más receptivo. Empezábamos a sonreír después de tanta tristeza en el cementerio. De hecho hasta llegamos a reírnos. Para ser dos desconocidos nos complementábamos bien. La velada se alargó y se hizo de noche. No a cuál de los dos le dolía más este momento, pero debíamos separarnos. Su casa estaba cerca, así que la acompañé. A la hora de despedirnos, me agarró fuertemente de las dos manos y tiró de hacia ella.

-Espero que esta no sea la última vez que nos veamos.

Entonces se acercó más hacia y me besó. Tanto ella como yo lo necesitábamos. Éramos dos almas destruidas por el destino que se estaban curando mutuamente. Ella separó sus labios de los míos y entonces fui yo el que la besé.

-Mañana a las seis en este mismo sitio nos veremos.

No puso ninguna objeción. Y allí nos vimos. Aquella tarde un vínculo especial se creó entre nosotros. El cariño nació de la desesperación. En el poco tiempo que llevamos juntos todos los problemas que tuvimos, y, si, no hemos tenido muchos problemas, pero que el vínculo que existe entre nosotros es igual que el que existía en mis desaparecidos amigos, y tristemente tengo que decir que presiento que acabaremos igual que ellos. Esta historia debe repetirse. Nosotros juntos toda la eternidad, y alguien que esté llorando por nosotros deberá encontrarse con alguien que esté llorando a nuestro asesino, se juntarán y serán felices por siempre... Hasta que la historia vuelva a repetirse. Y así será. Aunque no me gusta hacerme pasar por uno de esos canallas videntes.

Quiero pedir perdón porque insistí al principio del relato que no hablaría de “amadísima”, y al final, he hablado de ella. Qué le vamos a hacer. La vida te lleva por senderos insospechados, pero es sabia, y sabe por qué lo hace. Las personas que sufren sin merecerlo al final son recompensadas.

lunes, 4 de abril de 2011

El último viaje

Sin pensarlo demasiado, subió a aquel tren. Quizá si lo hubiera pensado, no hubiera subido, pero lo último que necesitaba era pensar su decisión, era necesario (casi obligatorio) que subiera. En el vagón solo gente con caras largas, maletas y desolación, pero era necesario. Una chica, no muy mona, pero eso era lo de menos y un chico alto, trajeado y de buena planta. Todo ello junto con un señor mayor, con pinta de sabio y yo. Sentados cómodamente en nuestros sitios emprendimos el viaje. No me importó cuanto duró el viaje, estaba demasiado inmerso en otra clase de pensamientos: el cómo, el por qué, el dónde... Llegamos a una estación de tren normal, bajamos del tren, como lo hubiera hecho cualquier otro día antes de llegar al trabajo. En el andén nos esperaban varios hombres con una mochila para cada uno de nosotros. En la mochila un llavero, con las llaves de una casa y de un automóvil y una carpeta con nuestra documentación, contrato de trabajo, etc. Era increíble, comenzar una nueva vida, todo por merecer un poco la pena, por ser alguien diferente, alguien que no se merece el cruel destino que nuestro antiguo mundo nos habría proporcionado. No sé muy bien donde estoy, ni me importa, pero sé que es un mundo menos cruel que en el que me tocó nacer.

jueves, 10 de marzo de 2011

DOCE HOMBRES CON PIEDAD


En una sala del tribunal se reúne un jurado popular compuesto por doce hombres. Un hombre ha sido acusado de asesinato. La ley le condenará a muerte si el fallo del jurado es unánime. El jurado no podrá tener contacto con el exterior hasta que tome una decisión.

El hombre número uno tomó la voz cantante y pasó lista al resto de los presentes.

-Número uno presente... –dijo en voz muy baja. ¿Número dos?

-Presente.

-¿Número tres?

-Presente.

-¿Número cuatro?

-Presente.

-¿Número cinco?

-Presente

-¿Número seis?

-Presente

-¿Número siete?

-Presente.

-¿Número ocho?

-Presente.

-¿Número nueve?

-Presente.

-¿Número diez?

-Presente

-¿Número once?

-Presente.

-¿Número doce?

No se oyó respuesta.

-¿Número doce? –dijo el número uno en un tono más alto y agresivo.

-Presente, disculpe, estaba inmerso en mis pensamientos.

-Déjese de pensamientos y vamos al caso. Ese hombre ha asesinado a un pobre panadero y debe pagar por ello, lo justo es que se le envíe con él.

-Sí, acabemos rápido con esto –dijo el número cuatro.

-Votemos si el acusado es culpable o no.

-¡Esperen! –Gritó el número doce. ¿Cómo pueden ser tan inhumanos? ¿No van a dar una oportunidad para que se delibere y piense sobre el futuro de ese hombre? Está en juego una vida.

-Hijo –intervino el número seis, uno de los más mayores de todo el jurado-, conozco a ese pobre hombre. ¿Estás seguro de que es humano dejarle vivir?

-Pero...

-Sí, yo también le he visto alguna vez –dijo el número tres. Pobre desdichado.

La cara de perplejidad del número doce iba aumentando.

-Mira, número doce –retomó la voz el número uno-, todos sabemos la verdad, lo hayamos vivido más o menos cerca. Para ese hombre morir sería un premio. Vive en una chabola, sin trabajo, sin dinero y con una madre convaleciente de la que cuidar. Al robar una barra de pan para comer a ese pobre hombre se le fue la mano y le mató. El único delito que comete es el de seguir vivo.

Al número doce no le salían palabras de la boca.

-Ahora... ¿Qué es lo más humano, número doce? –Intervino el número ocho.

-¿Y quién se ocupará de la madre de ese hombre?

-No te preocupes, el Estado lo hará –Dijo el número cinco, que era abogado y sabía mucho de leyes.

-Pero... Pero...

-¡Basta ya! –Exclamó el número uno. No tengo tiempo para escuchar sus tonterías y esfuerzos vanos. Si tiene alguna objeción, por favor vote que este hombre es inocente. Procedamos a la votación. Yo voto que este hombre es culpable. ¿Número dos?

-Culpable.

-¿Número tres?

-Culpable.

-¿Número cuatro?

-Culpable.

-¿Número cinco?

-Culpable.

-¿Número seis?

-Culpable.

-¿Número siete?

-Culpable.

-¿Número ocho?

-Culpable.

-¿Número nueve?

-Culpable.

-¿Número diez?

-Culpable.

-¿Número once?

-Culpable.

-¿Número doce?

Número doce permaneció en silencio, con la mirada baja, hacia la mesa, y agarrándose de la cabellera.

-Por favor, número doce, necesitamos su voto. Si no hay unanimidad no podemos liberar a ese hombre. Si aún así sigue obcecado en su inocencia, le intentaremos seguir convenciendo.

Tras varios segundos de silencio, número doce comenzó a articular palabras.

-C... Cul... Pable. Culpable.

-No esperaba menos de usted, número doce. Comuniquémosle la decisión al juez.

-De ser un inocente –Dijo número doce en voz muy baja, entre dientes. Nadie le escuchó.

Número doce cerró con cuidado la carpeta donde contenía los papeles del juez y sus propias anotaciones. Mientras lo hacía, pensaba en lo que habían hecho: Engañar al juez, a los testigos, a los afectados, al acusado, al sistema judicial y a ellos mismos. Los hombres abandonaban la sala. Número doce, reflexionando y lagrimeando ligeramente, caminaba lentamente. Fue el último en salir. Al salir, cerró con un portazo que se escuchó en todo el edificio. Después, silencio absoluto.

jueves, 10 de febrero de 2011

Promesas cumplidas

Por fin llegó aquel momento esperado. Es momento que todo joven de quince años desea que llegue. El sudor empapaba mi cara de puro nerviosismo. No eran gotas abundantes, pero sí de gran tamaño que se deslizaban lentamente por mi terso cutis al que los años aún no habían atacado. Percibía nítidamente el olor de su boca, que me incitaba a acercarme lentamente más y más a ella. La fragancia perfumada de su cuerpo se mezclaba con el olor de las flores que impregnaban de sutileza el ambiente y el fuerte olor de la resina de los árboles. Nosotros, sentados sobre el tronco de aquella enorme conífera; un incómodo asiento que cambiaba de aspecto con la situación. La tensión aumentaba a cada milímetro que nuestros labios se acercaban. Mis ojos se reflejaban en los suyos: una mancha marrón se veía dentro de ese mar inmenso y azul que tenía como visión. Aquella visión me cautivó verdaderamente. Me sentí impedido en seguir acercándome. Ella, dubitativa, empezaba a moverse lentamente hacia mí. Ahora era ella la que olía la mezcla de los perfumes, era ella quien veía sus ojos reflejados en los míos, era ella la que empezaba a tener muestras de nerviosismo: sudor, tensión que aumentaba a cada milímetro que nuestras bocas se acercaban. Poco a poco la distancia iba disminuyendo y disminuyendo… Empezaba a ser prácticamente inexistente. Solo faltaba un empujoncito para llegar al clímax del momento. Tras dudar ambos, ella se armó de valor e hizo desaparecer la distancia existente entre mis labios y los suyos. Aquel momento solo fueron escasos tres segundos, pero me parecieron tres eternidades. Aquel momento en el que todos tus sueños se ven realizados en un beso. El roce de sus labios era para mí suficiente alimento para el resto de mi vida. Tras separar los labios, noté como si me empezara a faltar aire. Trataba de respirar, pero no podía, no entraba aire dentro de mí. Me revolcaba por los suelos en búsqueda de una partícula de aire que llenara mis pulmones… Era inútil. Ella, preocupada, atormentada, observaba la escena. Inocente, sin conocimiento alguno de que me había robado el alma con aquel beso. Un día juré que entregaría mi alma con tal de poder besarla. Hoy esa promesa se ha llevado a cabo. Aún así no estoy triste porque este día sea mi último. He tenido la oportunidad de amar y de ser amado por alguien. Ya lo dijo alguien muy sabio: mejor morir por amar que morir sin haber amado nunca.

jueves, 3 de febrero de 2011

Viviendo en un mar de dudas

Viviendo en un mar de dudas,

Problemas sin solución,

Apenas sin ayuda,

Se llama incomprensión.


Mirando hacia delante,

No hay nada más que oscuro,

Y bien sé que es muy duro,

Andar con miedo a caerte.


No eres mayor para todo,

No eres pequeño para nada.


De un lugar te expulsan,

Y en el otro no te dejan entrar.

Oveja negra de la sociedad,

Viviendo en un mar de dudas.


Sentimientos desenfrenados:

Amor, odio y locura;

A ningún lugar allegados,

Viviendo en un mar de dudas.


Deseas aquellos labios

Que nunca te han correspondido.

Amigo mío, estás perdido,

Viviendo en un mar de dudas.


Tus lágrimas solo llegan al suelo.

Tu frustración, hasta el infinito.

Desesperándote pasito a pasito.

Viviendo en un mar de dudas.


Todo te sale bien… del revés,

Como decía Extremoduro,

Mientras se marchita tu corazón [oscuro,

Viviendo en un mar de dudas.


Tu corazón, destruido

Tu razón, desquiciada

Tu vida, sin sentido

Viviendo en un mar de dudas.


Ves gente que está triunfando,

Pero tú has fracasado,

Y eso te está destrozando,

Viviendo en un mar de dudas.


Te has caído y levantado,

Una y otra y otra vez,

Pero no sabrás si lo volverás a hacer,

Viviendo en un mar de dudas.


Crees que la vida no tiene sentido,

Que seguir caminando no vale la pena.

Una navaja ha rajado tu vena,

Ahogado en un mar de dudas

lunes, 31 de enero de 2011

Palabras del enamorado incomprendido

¿Por cuánto tiempo más te tendré que esperar?

¿Por cuánto tiempo vas a seguir ensombreciendo mi alma?

¿Por cuánto tiempo voy a tener que seguir así?


Hipócrita que actúas por interés

Dejando a un lado el corazón

Únicamente guiado por la pasión

Y no eres consciente…


No eres consciente de tus sentimientos

No eres consciente de tu hipocresía

No eres consciente de que me destrozas el corazón


Dolor, ira, rabia, frustración

Palabras a las que me he acostumbrado

Desde el momento en que has llegado

Destrozando mi corazón paso a paso


No sé cuánto aguantaré

No sé si te quiero o te odio

No sé si veras mis ojos brillar otra vez

No sé si se arderá antes mi alma,

Mi corazón… O tú.

viernes, 28 de enero de 2011

Un loco rebosante de cordura

En un desamparado desván, lleno de cacharros y aparatos de difícil uso, un hombre ataviado con bata blanca trabaja fervorosamente mezclando jugos, mejunjes y otros componentes de carácter sólido. Este hombre no trabajaba para vivir, vivía para trabajar. A un grupo de científicos se le encargó el buscar una solución común para la inmensa mayoría de las enfermedades de carácter grave. Tras dos años de investigación, el grupo desistió en seguir trabajando. Él no. Han pasado diez años desde ese momento, pero en el cuerpo del científico parecía que habían pasado treinta. Apenas descansaba, dedicaba todo su tiempo a la búsqueda de la fórmula perfecta. Apenas salía, únicamente para comprar utensilios y productos que le fueran necesarios y únicamente paraba para comer y dormir, nunca más de ocho horas. Sus antiguos compañeros de trabajo y la gente que residía cercana a él le tachaban de loco (no sin falta de motivos), pero él nunca desistió en su sueño. El montón de papeles apilados al lado de la pared, arrugados y rotos era incontable, llegando a superar la veintena de kilos (cualquiera podría pensar que este hombre tenía síndrome de Diógenes, pero eso es porque no le conocen). Sobre la mesa, unos cuantos cientos de papeles con datos e informaciones de su actual experimento. La última mezcla realizada en el erlenmeyer y probada sobre un sujeto animal dio resultado: La vacuna total estaba inventada. “Por fin”, fue lo primero que se le ocurrió al científico decir. “Qué agotamiento”, añadió después. “Bien, creo que por fin me merezco un descanso”. Fueron sus últimas palabras antes de sentarse en el sofá y encender la televisión: “Guerra en Oriente medio. Ataque armado por diferencia de religiones. Un hombre mata a su padre. Brutal violación a una chica de catorce años. La corrupción aumenta a ritmo exponencial. Las discusiones violentas lideran el panorama político. Los deportistas son considerados más importantes que la gente con altos cargos del estado. La prensa rosa…”. El científico decidió apagar el aparato y levantarse del sillón. Se dirigió hacia sus informes y la vacuna. Eliminó los informes y evaporó la vacuna a base de fuego. “No, este mundo no se merece estar libre de enfermedades y problemas. Se los merece, es la única manera de acabar con esta locura”, pronunció mientras observaba irónico como se consumía todo su trabajo.

miércoles, 26 de enero de 2011

Aunque no quiera decirlo

No existen más que verdades inexistentes

La vida entera no es más que un cuento triste

Todo cambió… pero nada es diferente

Me cueste admitirlo o no,

Sigo siendo el mismo de siempre


Desencantado, desengañado

Enamorado… espero que nunca

Ni yo ni tú ni nadie

Nadie se merece esa tortura

Eso que aquellos llaman amor

No es más… que una pura ilusión.


Solo lo he estado una vez

Pero no sé si lo sigo estando

Antes no lo quería pero ahora…

No sé ni si es de día


Odio, ira

Dolor sufrimiento

Sentimientos

De un corazón herido

Como el mío,

Destrozado…

Aunque no quiera decirlo.


Incomprendido, nunca correspondido

Quiero a gente de manera que no es debido

Y lo oculto… por tu bien, el mío y el de todos

Pero mira… soy yo siempre el que me jodo

Aquí lo digo… ya que no me atreva a admitirlo

Me jode, aunque no quiera decirlo.


Solamente, odio a una persona,

Si señores… odio a este que escribe

No tiene la culpa de nada pero a la vez

La tiene de todo

No es mi culpa si nacemos

Para morir y sufrir y creemos

Que lo hacemos para amar y sentir

Es la verdad, aunque no quieras oírlo

Es la verdad, aunque no quiera decirlo


Me despido… no se para cuanto

Pero aseguro… que lo siguiente será

Totalmente igual que este

Soy el mismo… nada cambia, todo igual

Es muy triste… mas no lo puedo negar

Es lo cierto, es la cruda realidad

Es mi vida… aunque no quiera decirlo.

Luces de la ciudad

La oscuridad impera en una céntrica calle de las afueras de la ciudad. Alguien camina solo, con la cabeza agachada. Apenas se le distingues rasgos, la oscuridad es total. Poco a poco, poniendo un cansado paso detrás de otro, empieza a llegar a una calle donde aumenta la intensidad lumínica, aunque es ciertamente molesta. Luces de tonos rosados y rojos mezclados con reflejos amarillos y sonido de música grave completan la estampa. Una mujer con poca ropa practica una felación a un hombre detrás de un cubo de basura. Dos famélicas y sobremaquilladas mujeres incitaban a los pocos hombres que por allí pasaran a que entraran al local. Nuestro querido amigo, al darse cuenta de la situación, suspiró, enfatizándolo con ira y desesperación a la vez: “no me queda otra”. Se acercó a las mujeres:

-Hola. ¿Cuánto cuesta una hora ahí dentro con derecho a todo?

Las mujeres no contestaron, apartaron la mirada e ignoraron al hombre.

-He dicho que cuánto cuesta una hora con vosotras – dijo con rabia. Otra cosa no sé si tendré, pero dinero me sobra.

-Mira, chaval, contigo, ni por todo el oro del mundo.

-¿Qué?

-Ya lo has oído, largo.

- Pero si sois… ¡Se supone que es vuestro trabajo!

-¡Fuera!

Ambas mujeres entraron con apremio al local.

La increduilidad se adueñaba de nuestro amigo y salió andando con un ritmo rápido, rabioso y con las manos en los bolsillos. Repetíase mentalmente: “no puede ser, no puede ser…”. Tras abandonar las iluminadas calles y presenciar diversas asquerosas estampas, la luz de la luna empezaba a sobresalir sobre el resto de luces. Rielaba la mentirosa pacíficamente en las cristalinas aguas (sí, esto era cierto a pesar de tratarse de un río en una ciudad grande). Era una noche de verano. Se detuvo a mitad de camino y se apoyó en la barandilla que corría paralela al puente. Se quedó mirando fijamente al agua y al fulgor de la luna durante un rato. Después posó la cabeza sobre sus brazos, apoyados en la barandilla, levantó la cabeza y se sentó en la baranda. Una tormenta de verano había destrozado parte del tendido eléctrico y un cable de corriente se posaba sobre el asfalto. A su lado, producto de la violencia de las lluvias, granizos y aparato eléctrico, un trozo de piedra que conformaba la barandilla aparecía. En ese momento pensó: “Tal vez mi mundo no sea este… He probado de todo, incluso pagar, y ni eso… Es definitivo, me he equivocado de lugar, debería probar en otro sitio.”. Justo en ese momento, se bajó de la barandilla, se ató el cable eléctrico por un extremo a los pies y por otro a la roca. Tras ataviarse, se lanzó al agua.

martes, 25 de enero de 2011

Los pensamientos de una máquina

¿Por qué sigo viviendo? ¡¿Por qué?! Mi corazón funciona, pero no puedo ver, ni hablar, ni moverme. Mi corteza cerebral está totalmente destrozada. Vivo conectado a una máquina que me permite vivir, pero, ¿es acaso esto vida? ¿Se dará cuenta la gente de que cuando uno no siente, no tiene emociones porque no puede, porque vive gracias a la medicina, realmente no tiene vida? Mi familia quiere mantenerme vivo para ahorrarse pleitos, pero mi deseo no es ese. Soy ingeniero de electrónica, de los más prestigiosos del mundo, y tengo a mi servicio (gracias a mi familia) a los mejores neurólogos, cardiólogos y psicólogos para afrontar mi problema, pero yo solo quiero morir. A mi empresa la encargaron la construcción de la máquina a la que vivo conectado. Me hice rico gracias a ella. Qué paradoja, amé a una máquina a la que ahora odio porque me mantiene en sufrimiento constante. Disculpen mi mala educación, ni tan siquiera me he presentado. Mi nombre es Javier Esperanza, tengo 70 años y me jubilé hace 5, y ya empezaba a tener problemas neurológicos y psiquiátricos. Rememoro aquellos tiempos en el instituto en el que me apasionaba dando la materia de tecnología, la ilusión que me hacía conectar bien un par de LEDs, un motor y un relé y que funcionara una cosa u otra según apretaba un pulsador. Luego seguí haciendo bachillerato de ciencias de la tecnología y, por último, carrera de ingeniero de electrónica. Esos fueron mis peores años. Todos los fines de semana salía de fiesta, y eso incluía ingerir grandes cantidades de alcohol y de droga. Cada noche me tomaba al menos 6 o 7 copas, 2 o 3 porros y otras tantas rayas de cocaína. Voy a serles sincero, nunca superé esa adicción. Hasta el momento en que entré en muerte cerebral, estuve consumiendo drogas. Empecé a los 17. Quizá el consumo de alcohol lo reduje, pero mi problema real era la adicción a la cocaína. Ganaba mucho dinero y no tenía ningún tipo de problemas económicos, así que vivía bien y podía comprar droga sin problemas. La consumía muy frecuentemente, y eso con el paso de los años empezaba a notarse. Empecé a volverme violento de vez en cuando, perdía la memoria y me trababa al hablar, lo cual hizo sospechar a mi familia y me llevó a un neurólogo. Me indicó unos ejercicios sencillos para entrenar el córtex, y aunque los hiciera, el efecto de las drogas es mayor. Nadie podía sospechar que yo me drogaba: ¿El ingeniero más prestigioso de este país, como va a drogarse, por favor? ¡Ilusos! Nunca merecí confianza, las drogas me destrozaron. Era un buen chico y buen estudiante, cualidades que solo perdía de vez en cuando, cuando consumía droga. Probablemente por eso siempre confiaron en mí. Todos los días mi familia está en la habitación conmigo, llorando casi siempre que recuerdan lo que fui y lo que soy ahora, pero posiblemente no sea más que producto de su hipocresía, solo quieren mi dinero, mi herencia y mi prestigio. Nunca me quisieron. Puede que tras esta reflexión me acuerde realmente de por qué empecé a tomar drogas. Era un hombre frustrado, no encontraba consuelo en nadie, únicamente en una chica que viajaba mucho con su padre por asuntos de trabajo. Murió junto a él en un accidente de avión. Eso fue la gota que colmó el vaso. Solo trabajaba, trabajaba y trabajaba, y en casa no encontraba ningún cariño. Mi mujer solo me quería por el dinero y por que podía comprarse ropa cara y presumir frente a sus amigas. Es la que más llora, pero realmente quiere que me muera, quiere mi fama. Oigo como entra el equipo de médicos en la habitación. Voy a reproduciros lo que escucho:

- Buenas tardes señores –dijo el médico- hemos hecho unos cuantos avances y creemos poder saber que piensa y qué responde el paciente a unas cuantas preguntas sencillas, de respuesta si o no, ¿quieren que probemos?

- De acuerdo.

- Está bien. Don Javier, ¿me escucha?

- Ha contestado que sí –dijo otro neurólogo allí presente.

- De acuerdo, siguiente pregunta. Don Javier, ¿sabe que su familia está aquí?

- Ha respondido que sí.

- ¿Le gustaría volver a ver a su familia?

- Ha dicho que no.

La gente en la sala debió quedar sorprendida.

- ¿Se siente usted bien aquí?

- Contesta que no.

- Con estas respuestas, deduzco que usted poco tiene que hacer aquí, ¿no?

- Respuesta afirmativa

- ¿Quiere usted seguir viviendo?

- Ha respondido que no y ha dado énfasis a la respuesta

- ¿Desea que desconectemos la máquina?

-

En ese momento, mi mujer dio un salto y desenchufó la máquina, pude sentir como en el último momento esbozó una sonrisa.

Tiempo de Silencio

Gente durante siglos lo ha intentado

Pero nunca nadie lo ha conseguido

Perdidos en ese escabroso camino

Que solo recorren los privilegiados


Esos insensatos intentaban describir

Aquello que comprendí al verte

Algo de lo que solo carece la muerte

Y que sin ello nadie puede vivir


Palabras confusas sin sentido

Parlaban algunos enloquecidos

Diciendo lo que es la belleza

Mas esos infelices nunca lo sabrán

Aunque eso me llene de tristeza

Dedicando su vida a algo

que nunca conseguirán


Sin embargo yo la vi, sin necesidad

De haberla descrito antes

Belleza, personificada en tu figura

Mirándome a los ojos con ternura


Mi visión, cegada por tus cabellos,

Rubios, dorados al sol

Iluminaron mi corazón

Y tus ojos, más bellos que el cielo

Y azulados como el inmenso mar

Congelaron mi espíritu, como si fuera hielo


No tengo palabras para continuar

Pues es inexplicable, indescriptible

Por mucha gente que hable

Describir la perfección personificada


Mi alma, cautiva por tu cuerpo,

Intentó llegar a tu lado

Como un caballo alado

Sin importarme que acabara muerto


Sucesos incontables acontecieron después

Gozo, ira, rabia, placer

Amor, que poco a poco afloraba en mi ser

Deseo de poseerte para siempre


Mas todo el mundo sabe

Que la perfección es inalcanzable

Y yo, por intentarlo, por osarme,

Conseguí que te atravesaran con un sable


Odio, envidia, maldad

Nombres mil posee

Mas bien yo me sé

Que es castigo por lograr lo inalcanzable


Pagué mi amor con tu vida

Los dioses me lo arrebataron

Por querer igualarme a ellos

Al osar rozar tus labios


Ahora de esto no queda nada

Una rosa, a tu lado enterrada

Mi mano, de tu sangre pintada

Y mi corazón, antes iluminado

Queda ahora oscurecido

Y empapado por mis lágrimas