La oscuridad impera en una céntrica calle de las afueras de la ciudad. Alguien camina solo, con la cabeza agachada. Apenas se le distingues rasgos, la oscuridad es total. Poco a poco, poniendo un cansado paso detrás de otro, empieza a llegar a una calle donde aumenta la intensidad lumínica, aunque es ciertamente molesta. Luces de tonos rosados y rojos mezclados con reflejos amarillos y sonido de música grave completan la estampa. Una mujer con poca ropa practica una felación a un hombre detrás de un cubo de basura. Dos famélicas y sobremaquilladas mujeres incitaban a los pocos hombres que por allí pasaran a que entraran al local. Nuestro querido amigo, al darse cuenta de la situación, suspiró, enfatizándolo con ira y desesperación a la vez: “no me queda otra”. Se acercó a las mujeres:
-Hola. ¿Cuánto cuesta una hora ahí dentro con derecho a todo?
Las mujeres no contestaron, apartaron la mirada e ignoraron al hombre.
-He dicho que cuánto cuesta una hora con vosotras – dijo con rabia. Otra cosa no sé si tendré, pero dinero me sobra.
-Mira, chaval, contigo, ni por todo el oro del mundo.
-¿Qué?
-Ya lo has oído, largo.
- Pero si sois… ¡Se supone que es vuestro trabajo!
-¡Fuera!
Ambas mujeres entraron con apremio al local.
La increduilidad se adueñaba de nuestro amigo y salió andando con un ritmo rápido, rabioso y con las manos en los bolsillos. Repetíase mentalmente: “no puede ser, no puede ser…”. Tras abandonar las iluminadas calles y presenciar diversas asquerosas estampas, la luz de la luna empezaba a sobresalir sobre el resto de luces. Rielaba la mentirosa pacíficamente en las cristalinas aguas (sí, esto era cierto a pesar de tratarse de un río en una ciudad grande). Era una noche de verano. Se detuvo a mitad de camino y se apoyó en la barandilla que corría paralela al puente. Se quedó mirando fijamente al agua y al fulgor de la luna durante un rato. Después posó la cabeza sobre sus brazos, apoyados en la barandilla, levantó la cabeza y se sentó en la baranda. Una tormenta de verano había destrozado parte del tendido eléctrico y un cable de corriente se posaba sobre el asfalto. A su lado, producto de la violencia de las lluvias, granizos y aparato eléctrico, un trozo de piedra que conformaba la barandilla aparecía. En ese momento pensó: “Tal vez mi mundo no sea este… He probado de todo, incluso pagar, y ni eso… Es definitivo, me he equivocado de lugar, debería probar en otro sitio.”. Justo en ese momento, se bajó de la barandilla, se ató el cable eléctrico por un extremo a los pies y por otro a la roca. Tras ataviarse, se lanzó al agua.
positivo otra vez, eh?
ResponderEliminarah, desde mi humilde punto de vista, que no es el de un profe de lengua, rielar es demasiado pedante. Hay autores tan pomposos que no apetece leerlos, no caigas en la tentación de demostrar todo el léxico que dominas