viernes, 28 de enero de 2011

Un loco rebosante de cordura

En un desamparado desván, lleno de cacharros y aparatos de difícil uso, un hombre ataviado con bata blanca trabaja fervorosamente mezclando jugos, mejunjes y otros componentes de carácter sólido. Este hombre no trabajaba para vivir, vivía para trabajar. A un grupo de científicos se le encargó el buscar una solución común para la inmensa mayoría de las enfermedades de carácter grave. Tras dos años de investigación, el grupo desistió en seguir trabajando. Él no. Han pasado diez años desde ese momento, pero en el cuerpo del científico parecía que habían pasado treinta. Apenas descansaba, dedicaba todo su tiempo a la búsqueda de la fórmula perfecta. Apenas salía, únicamente para comprar utensilios y productos que le fueran necesarios y únicamente paraba para comer y dormir, nunca más de ocho horas. Sus antiguos compañeros de trabajo y la gente que residía cercana a él le tachaban de loco (no sin falta de motivos), pero él nunca desistió en su sueño. El montón de papeles apilados al lado de la pared, arrugados y rotos era incontable, llegando a superar la veintena de kilos (cualquiera podría pensar que este hombre tenía síndrome de Diógenes, pero eso es porque no le conocen). Sobre la mesa, unos cuantos cientos de papeles con datos e informaciones de su actual experimento. La última mezcla realizada en el erlenmeyer y probada sobre un sujeto animal dio resultado: La vacuna total estaba inventada. “Por fin”, fue lo primero que se le ocurrió al científico decir. “Qué agotamiento”, añadió después. “Bien, creo que por fin me merezco un descanso”. Fueron sus últimas palabras antes de sentarse en el sofá y encender la televisión: “Guerra en Oriente medio. Ataque armado por diferencia de religiones. Un hombre mata a su padre. Brutal violación a una chica de catorce años. La corrupción aumenta a ritmo exponencial. Las discusiones violentas lideran el panorama político. Los deportistas son considerados más importantes que la gente con altos cargos del estado. La prensa rosa…”. El científico decidió apagar el aparato y levantarse del sillón. Se dirigió hacia sus informes y la vacuna. Eliminó los informes y evaporó la vacuna a base de fuego. “No, este mundo no se merece estar libre de enfermedades y problemas. Se los merece, es la única manera de acabar con esta locura”, pronunció mientras observaba irónico como se consumía todo su trabajo.

3 comentarios:

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  2. No me gusta , ese ciéntifico es un estúpido , debería de haber hecho una visita a la planta de enfermos terminales de cáncer , donde muchos son aún niños.

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  3. Qué cuentos tan duros... Pero están bien =)

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